Es considerado el más mortífero del mundo, debido a que los tumores son diagnosticados muy tarde, imposibilitando ejecutar tratamientos oportunos.

Es considerado el más mortífero del mundo, debido a que los tumores son diagnosticados muy tarde, imposibilitando ejecutar tratamientos oportunos.

No suele presentar síntomas en sus etapas tempranas (salvo excepciones), sino hasta cuando ya se ha expandido a otros órganos. Ante esto, los organismos internacionales de salud buscan erradicarla, a través de la prevención y la detección a tiempo, sobre todo al tratarse de la cuarta causa de muerte por cáncer en el mundo y al ser la más letal de todas.

A pesar de ello, la esperanza no se pierde. En la actualidad, existen técnicas de última generación que están logrando diagnosticarlo con mayor efectividad. La clave está en informarse, saberlo distinguir y tratarse a tiempo.

¿En qué consiste esta enfermedad?

El cáncer de páncreas es causado por un tumor maligno, que se origina en la glándula pancreática, órgano encargado de producir jugos que descomponen los alimentos y generan hormonas, ayudando a controlar los niveles de azúcar en la sangre.

“El páncreas produce insulina y una serie de sustancias, a través de su función endocrina. Al mismo tiempo tiene una función exocrina que ayuda a la digestión de los alimentos y produce el jugo pancreático”

Dr. Juan Manuel Alcívar, gastroenterólogo y coordinador médico del Instituto Ecuatoriano de Enfermedades Digestivas (IECED).

Según datos de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), por sus siglas en inglés), a través del Observatorio Mundial del Cáncer (GCO), hasta el 2018, la tasa mundial de incidencia de tumores malignos en el páncreas era de 458.918 aproximadamente. De esa cifra, se estima que en Ecuador se dieron un total de 581 casos, en ambos sexos. Es decir, de cada 100 mil habitantes, el 3.2% padece de esta enfermedad (al 2018). Si bien es cierto, de acuerdo a la tendencia mundial, el cáncer de páncreas es más padecido por hombres (52,9%) que por mujeres (47,1%), en Ecuador la tasa de incidencia ha cambiado con los años y se contrapone. Según datos del IARC, hasta el 2018, del 100% de los casos existentes, el 56,5% se ha presentado en mujeres, mientras que el 43,5% se ha dado en hombres.

DETECTADO POR SU UBICACIÓN

Sus síntomas suelen confundirse con otras enfermedades, sobre todo aquellas que aquejan al hígado, tales como la cirrosis hepática y las hepatitis virales, donde los pacientes presentan ictericia (coloración amarilla de ojos y piel, ocasionada por la obstrucción de la vía biliar) y oscurecimiento en la orina.

Sin embargo, algo más definitorio para su diagnóstico es el blanqueamiento de las heces, que incluso llegan a flotar en el inodoro, debido al alto contenido de grasa no procesada por el páncreas; así como también la manifestación de comezón (sin alivio) en la piel. Cabe recalcar que, todas estas alertas aparecen cuando el cáncer está avanzado.

Otros signos de alerta tardía son: los dolores de espalda y estómago (debido a la ubicación del páncreas por delante de la columna y por detrás del estómago), pérdida de apetito y de peso involuntarios. Algo que no sucede en estadios tempranos al no presentarse síntomas relevantes (salvo excepciones).

Según un estudio denominado “Radioterapia: papel actual en el cáncer de páncreas”, elaborado por los doctores colombianos Sergio Hoyos y Juliana Mancera, estas excepciones pueden darse con la presencia de síntomas colaterales, dependiendo de su ubicación.

Los resultados arrojaron que el 78% de los adenocarcinomas (tumores cancerígenos) afectan la cabeza del páncreas, mientras que, el resto se distribuye equitativamente entre el cuerpo y la cola. Esto implica que, por ejemplo, cuando el cáncer se produce en la cabeza del páncreas (cercana al conducto colédoco, que transporta la bilis del hígado hasta el intestino delgado), el tumor presiona esa área, impidiendo el traspaso de la bilis por su cauce normal. Esto obliga a que la bilirrubina se desemboque en los vasos sanguíneos, ocasionando la ictericia (antes mencionada).

Habitualmente los cánceres originados en el cuerpo o la cola del páncreas, al no ejercer presión en el conducto, no suelen presentar alertas, sino hasta cuándo se han propagado fuera de éste, comprometiendo órganos vitales cercanos y/o provocando metástasis (que es la diseminación del tumor).

DIFÍCIL DE DIAGNOSTICAR

Los exámenes de laboratorios y de imagen son los únicos métodos para diagnosticar el cáncer de páncreas. A pesar de ello, los resultados de los primeros suelen ser inespecíficos, dejando a los estudios de imágenes como los más confiables. Entre ellos están: la ecografía, la tomografía axial computarizada (TAC), la resonancia magnética (RMN), la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) y la ultrasonografía endoscópica (EUS) o ecoendoscopía.

Ésta última, en la actualidad, considerada por varios expertos como el mejor método para detectar el cáncer de páncreas, en donde se aplica además el uso de contraste y elastografía.

De acuerdo a los doctores Lázaro Arango y Patricia Díaz, de la Caldas (Colombia), “el EUS ha revolucionado el diagnóstico y el manejo de muchas patologías de la vía digestiva, particularmente la patología pancreática, convirtiéndose en un examen prácticamente imprescindible en el abordaje diagnóstico y terapéutico de un paciente con un problema de páncreas”.

Por su parte, el Dr. Christoph F. Dietrich, gastroenterólogo y jefe del 2do departamento de medicina del Hospital Caritas Bad Mergentheim (Alemania), quien realizó el estudio sobre el “Ultrasonido endoscópico con contraste en la discriminación entre pancreatitis focal y cáncer de páncreas”, logró establecer que el EUS aplicado con contraste es 91,1% más efectivo para detectar lesiones pancreáticas malignas y 93,3% más específico para diagnosticar a la enfermedad pancreática inflamatoria crónica.

Criterio que es compartido por el Dr. Carlos Robles-Medranda, director del IECED, quien a través de la experiencia que ha tenido con sus pacientes, ha comprobado la veracidad de tales aseveraciones y hace uso de esta y otras tecnologías de vanguardia en su centro médico, localizado en Guayaquil (Ecuador).

FACTORES DE RIESGO

Los más propensos a desarrollar cáncer de páncreas son las personas mayores de 65 años, quienes suelen ser blanco más fácil de esta afección. A este grupo se le suman aquellos que sufren inflamaciones crónicas del páncreas, quienes tienen diabetes, antecedentes familiares de cáncer de páncreas, fuman, consumen alcohol en exceso y sufren de obesidad.

“La mejor forma de prevenir el cáncer de páncreas es tener una buena alimentación balanceada, realizar ejercicio, evitar el consumo de alcohol y tabaco, sobre todo el consumo excesivo de comidas grasosas”

Dra. Irene Alvarado, nutricionista del IECED.

TRATAMIENTOS

Existen dos tipos de tratamientos para el cáncer de páncreas: los paliativos y los curativos. En los primeros, por ejemplo, cuando el paciente presenta ictericia a causa del cáncer, los galenos del IECED realizan la CPRE para desobstruir el conducto biliar, colocando un puente (prótesis o stent) entre la vesícula y el intestino, para que la bilirrubina fluya por su cauce normal, eliminando el color amarillo de la persona.

Mientras que, para quienes no es posible ejecutar la CPRE, ya sea por cirugías y estrechez del duodeno, se realiza en tiempo real y de manera menos invasiva el drenaje de la vía biliar mediante la ecoendoscopia (EUS), disminuyendo así la posibilidad de sangrado y ofreciendo una mejor calidad de vida a los pacientes.

Por otro lado, para aquellos que presentan dolor crónico, que no mejoran con tratamientos médicos, son candidatos predilectos para realizarse la neurólisis pancreática o bloqueo del plexo celíaco por ecoendoscopia. Según estudios, este procedimiento les proporciona beneficios a alrededor del 70 al 90% de los pacientes con cáncer de páncreas, logrando aplacar y controlar con eficacia su dolor.

Sin embargo, cuando no se puede acceder por las técnicas antes mencionadas, se acude a otras opciones como el drenaje biliar percutáneo transhepático (DBPT) o la derivación quirúrgica (DQ).

Por otra parte, en lo que a tratamientos curativos se refiere, la única opción potencialmente efectiva «es la resección quirúrgica, que consiste en extraer la parte del órgano afectado por el cáncer (cabeza, cuerpo o cola)», asegura el Dr. Juan Manuel Alcívar, coordinador de IECED.

Es que, según versiones de varios galenos consultados, sí es posible vivir sin páncreas. Este tratamiento lo han estudiado en varias personas con pancreatitis crónica, con la finalidad de aliviar el dolor. A pesar de ello, deberán aplicarse insulina y necesitarán de enzimas pancreáticas para digerir los alimentos, debido a que de una u otra manera hay que suplir las funciones del órgano.

También, existen otros tipos de tratamientos como la Radioterapiala quimioterapia, la hormonoterapia y el IMM-101, siendo este último un inmunomodulador que se asocia a un medicamento quimioterápico para el cáncer de páncreas, pero que aún se encuentra en estudio.

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